No echo de menos nada. No sé extrañar a nadie. No me falta nada, y sólo soy capaz de sentir nostalgia por las cosas que nunca he tenido. Ahora mismo lo único que echo en falta es algo para quitar el polvo a esta pantalla. Pero seré sincero: aún pienso en ella, aún le beso el cuello en secreto y le hago el amor como se lo hice la última vez: ella está acostada bocabajo, acaricio su espalda, doy besos por aquí y por allá, y ella me invita a entrar, separando sus piernas. Pero seré sincero: si mi vida sexual fuera más activa, no me acordaría tanto de ella. Me gustaría llamarla para ver cómo está, pero no la llamo porque no sé cómo está. Decidí esta separación, quizá aún se siente traicionada, quizá aún me guarda rencor,… Nos hacemos mudos de repente y así nos olvidamos. Pero no nos olvidamos. Eso creo, aunque nunca se sabe, imagina que la llamo y resulta que está saliendo con otro chico y que está súper feliz, y encima se alegra sinceramente de hablar conmigo, mostrando cero rencor. Y yo aquí preocupándome por su integridad psiquica-espiritual. Su silencio vino tan pronto, aquel día que le dije que lo dejaba, y que no sabía que más decirle. Empecé a preocuparme, no contestaba por muy fuerte que pronunciara su nombre. Al final busqué el teléfono de la casa de sus padres en las páginas amarillas de Francia, hablé con el padre, el cual estaba al corriente de lo que había pasado, y supe lo que ya sabía, que ella no estaba bien. “Claro que no está bien, pero está viva, yo lo que quería saber es que estaba viva, que no se había embotado de medicamentos o se había rajado las venas.” Y si la llamo ahora… ¿de qué serviría? ¿no sería hurgar la herida? ¿No sería un “mira qué chico tan bueno soy, te he dejado casi dos meses de recuperación y cuando pensabas que me había olvidado de tí por completo reaparezco para ver qué tal estás, porque todo este tiempo a mi también me ha sido difícil no estar contigo, pero ese brusco silencio era necesario para el desarraigo. ¿Qué tal todo por ahí? ¿Los estudios? Tu familia debe odiarme. Mi madre también vio mal mi decisión. Quiero que sepas que nunca te olvidaré, eres la gran protagonista del mejor capítulo de mi vida, cuenta conmigo para lo que quieras. Bla, bla…” Afortunadamente estamos en sitios distintos, eso facilita las cosas. Digamos que vivir en la misma ciudad complicaría las cosas muy mucho. Y bien, aparte de ella, no hay otra cosa que eche en falta,… bueno, hay una amiga que últimamente he empezado a ver con otros ojos, pero esto es mayormente causa de mi falta de sexo. Es verdad joder, el cosmos gira en torno a los huevos. Tengo que marcharme de aquí, ya está decidido, me voy a otra ciudad donde no tengo ningún amigo, una ciudad grande, donde es posible encontrar a una sumisa, alguna que necesite unos azotes, sin tener que ir preguntando puerta por puerta con un zapatito de cristal, ir a sitios alternativos, oportunidades de voluntariado, foros de cine, foros de literatura, conocer gente nueva, más cursos de formación, más empleo, gastar todo mi dinero en un mes y ver qué pasa luego. Ya veremos qué me espera allí, quizá la apuñalada de un criminal extranjero que tuvo una infancia traumática. Ay, quizá un nuevo ex-amor que abandonaré, que extrañaré en las noches de calentura, y que verá tras mi desaparición mi marca en cada rincón de la ciudad como la meada de un perro poeta, ¿qué mierdas dices, cabeza voladora?

No comments yet
Feed de los comentarios de este artículo