Como efecto de una deformación nefelibata que hace que mi mente circunnavegue dejando a mi cuerpo momentáneamente actuando bajo la inercia, como una gallina correteando sin cabeza abro Google en lugar de Word, y me pongo a escribir en el campo de búsqueda, mi mente vuelve para ayudarme con las palabras, y en determinado momento ordena a los ojos a ampliar el campo de visión con lo que advierto que llevo una buena parrafada escrita en Google.
Bueno, antes de copiar lo escrito y pegarlo en Word para seguir escribiendo, pulso Buscar, ¿y qué me aparece como primer resultado de mi búsqueda? Me sale un blog de fondo rosa, escrito por una latina adolescente residente en los EE.UU. Esperaba encontrar algo que empatizara de algún modo con lo mio, pero la primera impresión no fue satisfactoria. En su último post cuenta que un grupo de amigos que tienen una banda de rock cuentan con ella como vocalista, pero ella está preocupada porque aún no le ha dicho nada a su mamá, la cual seguro no va a consentir esa participación y la va a “regañar horrible”. Para colmo el sitio donde ensayan está lejos, eso va a gustar menos a mamá. Y para re-colmo ya, el novio de la incomprendida muchacha tampoco quiere que esté en el grupo, porque por lo visto dos, no uno sino dos chavos quieren tema con ella. ¿Y esto qué tiene que ver con lo que yo había puesto en la búsqueda? Nada, unas cuantas preposiciones.
Mi problema, al contrario que el de esta mujer, es que soy libre. Soy libre para hacer e ir donde quiera. Estoy en un país extranjero, donde la gente no entiende mi idioma pero yo sí el suyo, son las 4:06 am de la mañana y estoy escribiendo esto, y más tarde lo postearé usando un acceso a internet gratuito gracias a la wifi esa. El dia 1 de enero me acosté a las 11 de la mañana después de una noche de fiesta, el dia 2 de enero me acosté a las 18 horas, y hoy no sé pero me he levantado poco antes de media noche. Ya no trabajo, lo dejé, ahora dependo de mis ahorros por un tiempo. En pocos días volveré al nido del que una vez salí, reencuentro con la familia, etc; así que ahora mismo mi mayor preocupación es ¿qué hacer para escapar? Los caminos, dado que soy libre y además creativo, son infinitos. Si supiera qué quiero, si tuviera una pasión, o si fuera realmente libre, si fuera profundamente libre, sería fácil escoger un camino. Pero no, estoy perdido tratando de descifrar una maraña de caminos inescrutables que se extiende ante mi como un mapa gigante del metro de Nueva York. Puedo hacer un curso de postgrado en Chile, puedo ir a San Francisco o a Buenos Aires o a La Serena; puedo probar suerte en Madrid o Barcelona, quizás Salamanca o San Sebastián.
Seguir dando vueltas por el mundo sería genial, empezar con Europa, luego coger el transiberiano desde San Petersburgo, pasar por China, visitar Hong Kong, follar en Filipinas, hacer senderismo en Nueva Zelanda, después Isla de Pascua, ciudades, hostales, acampadas, personas agradables, amistades con viajeros, bosques, mirando siempre la misma luna desde distintos suelos, trabajos temporales, perros callejeros, distintas deformaciones culturales, autostop,… Es bonito pero ¿Hasta cuándo? ¿Por cuánto tiempo?
Un amigo francés me contó un día sobre un tal Pierre. Pierre era un anciano que trabajaba en un hostal de Connerama, en la costa oeste de Irlanda, a cambio de cama y comida. Allí fue donde lo conocieron. Una noche cuando tocaban la guitarra y cantaban y charlaban y fumaban, pudieron conocer más a fondo a Pierre, y todos quedaron asombrados por la historia de la vida de Pierre, que no había pisado Francia durante más de 20 años. Durante esos años había estado vagando el mundo, haciendo este tipo de trabajos temporales, conociendo gente, etc. En China es donde más años había estado, pero nunca en el mismo pueblo, siempre cambiando. De hecho, Pierre llevaba ya un año en Connemara, algo inusual para él, nunca había estado tanto tiempo en el mismo sitio. Era un hombre lleno de experiencia, lleno de historias, etc. Ahora, decía el pobre viejo, ahora cada noche que se iba a la cama deseaba que aquella fuera la última vez que cerraba los ojos, quería no despertar nunca más. Uno de los jóvenes presentes, un guitarrista de Bretaña llamado Laurent, le dijo que ni hablar de eso, que él quería adoptarle como abuelo. Pierre era una persona riquísima de la que el bretón podía aprender mucho, y dado que uno no tenía abuelo y el otro no tenía nietos, Laurent le invitó, casi como una orden, a venir con él al Caribe, su próximo destino. Después de insistir intentando contagiar su entusiasmo por la idea, Pierre aceptó o quizá respondió con alguna afirmación evasiva…
¿Qué buscaba Pierre en su juventud? ¿Qué era lo que le movía y ya no? ¿Algún sueño? ¿El deseo de huir? ¿Empezó sus viajes como un juego con la libertad que terminó haciéndole ver al resto de las personas, a nosotros, como pobres encarcelados en trabajos, prisioneros de ciudades, encerrados en coches, hipotecas,… exactamente como gallinas poniendo huevos en jaulas? ¿Así nos veías, Pierre? ¿Y luego viste en el espejo a una pobre gallina infeliz correteando por el corral?

No comments yet
Feed de los comentarios de este artículo