Ya sé que es tarde para ponerse a esto, porque son casi las 5 de la mañana, y porque tengo ya más de 25 años según mi DNI. Pero oye, me ha salido. Soy una persona desorganizada, siempre he sido muy nada metodológico aunque no suele a castellano correcto, soy el que olvida el plazo de pago, el que llega 5 minutos tarde al trabajo despeinado; no me ducho por las mañanas porque no tengo tiempo (además prefiero ducharme por la noche e irme limpio a la cama, aunque las duchas matinales sientan muy bien), ahora menciono que de las cuatro estaciones estoy escuchando Invierno justo ahora, aunque en principio no venga a cuento decirlo; por todo ello y por sus malas consecuencias siempre ha habido un deseo de organizarme, de auto-imponerme horarios, métodos, incluso contemplé la idea de inventarme una religión con algunas normas (y una de ellas sería “no fumarás”, y así estaría obligado a dejar el tabaco). Pues hoy parece que va en serio, o por lo menos yo me lo estoy creyendo.

Trabajo tres días a la semana, un total de 24 horas semanales que a veces son más si hago horas extraordinarias. El resto de la semana hacía lo que se me ocurriera hacer. Lo malo es que al no tener nada que hacer, no hacía prácticamente nada. Otra cosa mala es que tiendo a acostarme cada vez más tarde y levantarme cada vez más tarde, entonces cuando llega el día de trabajo, que me tengo que levantar a las 11’30 pa estar en el puesto a las 12, me cuesta mucho levantarme y voy zombi perdido a servir cafés. Puedo pasar un día entero tendido en la cama (en mi celda no hay silla), mirando al cielo y contemplando mis pensamientos, divagando sobre la nada, masturbándome mentalmente, o analizando mi situación económica (y esto último es lo más feo). Y claro, así no se llega a ningún sitio. Me gusta escribir, pero no escribo. Me gusta leer, pero no leo. No hago nada, y así uno se vuelve Nada, o no se vuelve, o nada vuelve, (aunque al final todos volvemos al mismo sitio, pero esto es otra historia). Bueno, ese último paréntesis ha dicho algo cierto, y esto me hace pensar en lo inútil de nuestros esfuerzos… Pero voy a intentar no pensar y seguir con el tema. Muy bien, te estás superando.

Me he hecho un horario que voy a intentar obligarme a respetar. Cada mañana he de levantarme a las 9. (Alguien dentro de mí se ríe.) A las 9 o a las 10, ya veremos, por ahora es un horario de prueba, además quiero que sea algo flexible porque si yo soy un círculo no hay modo de meterme en el hueco cuadrado. Por la mañana he de escribir, incluso los días de trabajo, escribiré de 9 a 12 (9’30 a 11’30), así el escribir se convierte en un nuevo trabajo, me despierto desayuno y escribo, y así podré escribir los sueños que recuerde y así los retendré en la inmortalidad antes de que se vuelen por la ventana o se cuelen por el sumidero de la ducha. Los días que no trabajo, escribo indefinidamente, pero no vale escribir cuatro líneas y luego ponerse a ver porno por ejemplo. Tres de los cuatro días que no trabajo, tienen una hora (que he dicho 5 PM, pero que puede ser 4 o 6 PM), una hora que dedico a listening para entrenar a mi anglo-oreja. El listening consistirá en escuchar radio en inglés (y prestar atención, no hacer otra cosa simultáneamente, ¡mucho menos pensar!), también cabe la posibilidad de ver películas pero sin subtítulos. A partir de la hora 21 (o un poco antes para los que estoy “libre” o un poco después para los días que trabajo) he de dedicarme a la lectura, esta también indefinidamente aunque mínimo debería ser dos horas. Las 12 o las 1 es la hora para irse a la cama. Y no me rechistes. Antes de acostarse hay que hacer unas pocas flexiones y quizás también abdominales, y por la mañana al levantarse hay que hacer estiramientos y ejercicios suaves con la espalda. Los miércoles y los domingos salgo a correr nada más levantarme. Mañana es domingo, pero mañana no cuenta porque son ya las 5:35, así que no creo que mañana (hoy) me levante a las 9 (dentro de casi 4 horas).

Y eso es lo que hay. Y después de hacer el horario, mientras miraba al techo escuchando música, pensando en bajar a la cocina a ver si alguien se ha dejado por ahí un mechero y así me puedo encender un cigarrillo, masturbándome mentalmente en mi forma más intrapersonal, se me ocurrió de repente (de repente suena como un relámpago) hacer un blog que sea testigo de mi seguimiento del nuevo horario, porque los testigos que yo tengo son sumisos y los llevo siempre colgando como testículos, porque hacer un blog como consecuencia del horario significa darle fuerza al horario, significa que el horario no se ha quedado estancado en un estúpido borrador en un estúpido cuaderno sino que ha echao ramas y se ha colado un poco en un estúpido blog. Y luego se me ocurrió, (también de repente, fíjate tú), que también serviría como otra motivación para escribir. Así que ahora tengo que sacarme un título para el blog, verás tú… Son las 5:44. Estoy escribiendo en Word. ¿Colgaré esto en un nuevo blog antes de que salga el sol?